diumenge, 14 d’abril del 2013

82 Aniversario proclamación II República Española


 Lo que representa la monarquía

            No deja de sorprender que en el estado español se haya asociado (siempre con el amplificador de los grandes medios) a la monarquía con la democracia, la cultura de la transición y todo el “relato” de la transición como el eje transformador que acabó con la dictadura. Esto no es más que una verdad a medias
     En primer lugar la historia reciente de la monarquía está plagada de actos de autoritarismo por parte de los reyes que nos ha tocado sufrir, desde el intento de restauración absolutista de Fernando VII a la intervención constante de Isabel II en los asuntos parlamentarios para apoyar casi sistemáticamente al ala conservadora de los liberales, sin mencionar que la madre de esta solo aceptó abandonar el absolutismo por el conflicto sucesorio con los carlistas. Y con estos tres monarcas no acaba la lista de monarcas infames: mejor no mencionemos a Alfonso XIII y su “genial” idea de apoyar a un dictador. Y finalmente llegamos a Juan Carlos I, Rey de España a día de hoy y sucesor de…Franco, dejándonos en el tintero cosas mucho más actuales, como su caza en botsuana o la imputación de su hija en un caso de corrupción.
            Esta es la institución que pretende encarnar valores democráticos en España: una dinastía, obviamente no electa, de reyes y reinas más interesados en obstaculizar cualquier forma de democratización del país y que de aceptar alguna siempre ha sido a regañadientes o bajo la amenaza de perder sus privilegios. En este país, que desde hace 30 años se cree democrático, el jefe de estado está por encima de la ley, fuera del escrutinio público hasta hace muy poco y manchada de casos de corrupción (que vienen a ser de robo a todos los ciudadanos). Lo peor de todo es que como jefe de estado es el máximo exponente de una clase política que salvo honrosas excepciones y periodos ha estado siempre corrompida y de un sistema (el de la transición) agotado.
              No hay otra solución que avancemos y abandonemos una forma de jefatura del estado totalmente arcaica y corrompida. Si en este país realmente pretendemos “resetear” la política, romper los privilegios de los caciques, de la clase política  ansiosa de una riqueza que no es suya y crear un sistema democrático de verdad: no hay más alternativa que una tercera república, laica, transparente y social: una república para todos.

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